Archivo para Abril 2007
Mi propia carta de ajuste
Cerca de cumplir 50 años desde la primera transmisión y a pasos de saltar a la etapa digital, la televisión en Chile ha sido un medio que se ha ido profesionalizado sobre la marcha. Si bien comenzó como un proyecto cargado de promesas, a la hora de sintonizar algún canal nacional, la sensación de frivolización del medio me llega hasta el estómago, por lo que me parece interesante nombrar cuáles son las 5 cosas que no me gustan de la televisión actual en Chile. Puntos que presento a continuación bajo ningún tipo de orden o prioridad, y basados completamente en mi propia experiencia como televidente social de la señal abierta (sin meter la televisión de pago), por lo que mis ideas puede ser completamente refutables frente a un amante acérrimo del control remoto que pase horas entendiendo este sistema.
Cuando se derrumba el olvido
A la región de Aisén siempre le he guardado un cariño especial. De hecho, desde que tuve la fortuna de conocer la ciudad de Coyhaique luego de un largo y extenuante viaje por la carretera austral, esta sureña zona de nuestro país se ha convertido en una de mis favoritas del país, especialmente por lo íntimo que resulta ser un lugar tan aislado y silencioso en medio de tanta naturaleza. Algo derechamente poco usual y maravillante para un citadino criado en la capital que se ha acostumbrado – tristemente – al ritmo santiaguino.
Paradójicamente, esta zona aislada y silenciosa ha pasado a ser durante esta semana la capital emocional de Chile gracias a la cobertura de los medios. La razón es clara, un movimiento telúrico sacudió a la zona, dejando en la incertidumbre a numerosas familias, muchas de ellas buscando explicaciones tras perderlo todo ante un fenómeno natural. Explicaciones que no llegan, porque no las hay donde las están buscando. Independiente del complejo dolor de las personas y si el acto de prescencia que hizo la Presidenta – y su ejemplar recibimiento – haya sido algo bueno o malo, me parece interesante ver como la población aprovecha orgánicamente de instrumentalizar estas situaciones para construir verdaderas listas mentales y dejárselas como recado al mandatario de turno cuando se les presenta la oportunidad.
Claramente, esta no es la primera vez. A Pedro Aguirre Cerda no le fue bien durante 1939, cuando el “General de la Esperanza” llegó a la zona afectada y fue encarado por una población disconforme, no sólo con la situación puntual de la tragedia de Chillán, sino que también con la mala administración que cargaba en escoba a la hora de conducir a un país que venía saliendo de una depresión. Más tarde, Alessandri corrió la misma suerte en 1960. Y curiosamente, no fueron los terremotos los principales problemas que reclamaba la gente de Valdivia (refieriéndome a una mayoría, no a los directamente afectados), si no más bien los amplios niveles de inflación que enfrentaba el país.
Para mi, esto es un claro síntoma que genera la rabia por la postergación. Como si los provincianos se aprovecharan -justamente- de la única oportunidad que tienen para dejarle una gran lista de recados pendientes al presidente de turno por haber pasado desapercibidos durante el año, lo que yo creo que habla muy mal de la centralización que ha sufrido el país y lo triste que logra ser usar tragedias de este tipo para demandar todo lo demandable. Porque claro, la gente se pregunta ¿Por qué ahora un lugar tan aislado y silencioso pasa a ser parte de las portadas? Es porque el resto del año se les da la espalda y cuando nos damos cuenta de las decisiones que hemos tomado, generalmente se nos hace tarde, porque este aislamiento y silencio no es producto de una simple anécdota geográfica o algún movimiento telúrico que pasa de la noche a la mañana, sino porque Chile ha crecido en un mar de islas, donde la única isla de la que nos preocupamos es Santiago y la más cercanas son Buenos Aires y Lima. El resto es una simple colonización que comenzamos hace tiempo, pero que en algún lugar del tiempo se nos olvidó y ahora nos venimos a dar cuenta de que aún hay mucho por lo que trabajar, porque esas islas están flotando.
Aviso de utilidad pública
Se les comunica a todos los lectores de este blog que efectivamente posean la nacionalidad argentina o residan actualmente en el país hermano, que por favor no intenten agregarme a sus listas de msn, ya que por una simple coincidencia de nombre y una relativa cercanía geográfica me están confundiendo con alguien que no soy.
Yo no soy el famoso rugbista, el futbolista de River, el concejal justicialista, el experto artesano en cuero ni el militar de los años ochenta que andan buscando en toda la Argentina. Más información por aquí. Se agradece el cese de invitaciones a parrilladas, fotos familiares, documentos extraños y acosadoras de distintas regiones trasandinas. Yo vivo en Chile, si alguien me quiere ubicar por cualquier motivo, por favor que me explicite a través del correo que busca a la versión chilena.
Por su atención, gracias.
The Fray – How to save a life

Sigamos con música, pero ahora con algo alternativo, un poco más AOR para bajar las revoluciones luego del último comentario que hice sobre un disco.
The Fray es una banda oriunda de Denver, Colorado, la cual tuve el agrado de conocer hace un par de semanas a través de mi gran amiga Macarena, quien – dicho sea de paso – es como mi asesora musical personal, y una de las personas con las que más comparto música, aunque me tire de vez en cuando los discos de heavy metal por la cabeza y reniege la genialidad de Daniel Gildenglöw o lo relajante que puede llegar a ser Meshuggah mientras uno trabaja.
En fin, una de las particularidades de éste grupo es que logró bastante popularidad de la mano de la banda sonora de la exitosa serie Grey’s Anatomy, la que llega a nuestros hogares a través de la señal de Sony ETV y TVN, si mal no recuerdo. Una banda sonora tan alternativa y refrescante que logra llegar a mucha gente, ya que gracias a su gran variedad de artistas y estilos, cautiva a un público inquieto y le entrega un valor agregado al producto dramático, transformando a esta serie de compilados en una curiosa tendencia (comenzada probablemente por The OC) seguida por otras producciones, en donde tanto seguidores de la serie que están metidos en la trama, como melómanos en general se ven seducidos por el ad-hoc acompañamiento de las imágenes.
Línea de sangre

A pesar de las ganas que tenía de escribir sobre el tema que bombardeó a los medios en el momento, la carencia de información precisa me cuestionó la publicación de lo que viene a continuación, ya que preferiría esperar unos cuantos días para estar más al tanto de la situación vivida en Virginia Tech y asi poder atar algunos cabos sueltos, con el propósito de evitar caer en los juicios precipitados que de vez en cuando soltamos debido a la reserva de numerosos datos relevantes de la causa. Sin embargo, me parece necesario discutir este tema sobre la marcha, asi que aquí vamos.
Ahora bien, ¿Cómo este tipo de cosas pueden suceder, específicamente en los Estados Unidos? Intentando ser breve, para mi esto es un tema tan arraigado en la cultura norteamericana que se da por una gran variedad de factores que cuesta reducirlos a un mínimo denominador para explicarlos. Sin embargo, hay algunos tópicos que logran ser más relevantes que otros, especialmente si hablamos de cultura de armas, un tema muy discutido en tierras americanas y que a mi parecer, logra que todo este tipo de situaciones violentas se configuren, ya que los ciudadanos estadounidenses no son violentos, pero si muy desinformados y en algunos casos inocentes, lo que produce que ante cualquier estímulo no familiar, una pieza del puzzle no encaje y se genere ese grado de paranoia cargada con plomo al que ya estamos acostumbrados.
Notes from a Big Country

Ese es el nombre que recibe esta curiosa obra del escritor estadounidense Bill Bryson, la que gracias a una buena movida de mi amigo Sebastián, pude disfrutar durante el recomponedor fin de semana que nos acaba de dejar.
En este sugerente libro, que más bien parece manual para introducirse en el país antes de visitarlo por primera vez, Bryson nos ofrece un interesante ensayo recopilatorio que logra dilucidar diversas claves sobre algunos aspectos de la cultura norteamericana y del comportamiento habitual de la mayoría de los ciudadanos de este país.
Si bien, las temáticas principales de Bryson en sus obras son los viajes y la tecnología, logra ser muy interesante cómo articula estos dos elementos cotidianos en la vida del ser humano para llegar a hipótesis generales que dan bastante material para comenzar a reflexionar sobre el curso de nuestras vidas, del que muy pocas veces nos percatamos debido a que vivimos nuestros hábitos como protagonistas. Bryson, al escribir una serie de columnas breves como un extranjero de paso, ya que a pesar de ser estadounidense, ha vivido toda su vida en Londres, logra ser muy convincente en su argumento al ofrecer comentarios parciales sobre la idiosincracia norteamericana desde la perspectiva de un extraño que se sorprende ante los aspectos de la vida cotidiana de ese país durante su estadía.
Slayer: Christ Illusion

Nueve meses más tarde de su esperado lanzamiento, mi amigo Felipe, quien vive en México y está de paso por Chile, me prestó el último trabajo de los californianos Slayer, titulado Christ Illusion y el que reúne a la legendaria formación noventera con el hábil Dave Lombardo tras las baquetas.
Vaya sorpresa que me llevé, porque si bien hace varios meses que no venía escuchando metal de grueso calibre por desviar mis intereses en otras tendencias más minimalistas, me siento completamente arrepentido de no haberle prestado la atención necesaria a este trabajo “chingón” cuando fue lanzado. Pero bueno, nunca es tarde para comenzar.
Intentando ser objetivo y luego de toda una mañana de reproducción circular, Christ Illusion no es el mejor trabajo del cuarteto a lo largo de su carrera, pero definitivamente es uno de los mejores discos que ha salido de parte de los representantes sobrevivientes del Thrash Metal norteamericano durante los últimos años junto al Shovel Headed Kill Machine de Exodus. Un regalo para los amantes de la vieja escuela, ya que Slayer reivindica en esta oportunidad su puesto de caballito de batalla de una tendencia musical casi muerta con una hidalguía insuperable y con los argumentos necesarios.
Shuffleando la vida

Que las grandes revoluciones han modificado nuestro comportamiento socioeconómico no es una novedad, pero que efectivamente la revolución tecnológica que estamos experimentando modifique nuestra manera de enfrentar los hábitos, es un tema que merece ser revisado, ya que como protagonistas del cambio, actualmente no nos podemos concentrar en una sola actividad cuando nos enfrentamos a la vida cotidiana en compañia de la tecnología que nosotros mismos hemos ayudado a desarrollar.
Shuffle Culture es un concepto que ha penetrado muy fuerte desde hace un par de años en algunos medios. Proveniente del acto de barajar cartas al momento de decidir sobre un destino incierto, la idea de la arbitrariedad ha logrado mucha intensidad, especialmente con la nueva industria musical que estamos observando en la era digital, la que incluso ha comenzado a modificar nuestra conducta no sólo al momento de vestir nuestros audífonos, sino que también a la hora de encargarnos de nuestros hábitos.
Por ejemplo, me acabo de sentar frente a la computadora para escribir esta entrada, pero mientras lo hago voy tomando pausas completamente voluntarias para responder un par de correos, conversar por msn, ver un video que me acaban de enviar a través de Youtube, poner pausa al reproductor de audio para verlo, seguir escribiendo en este lugar, limpiar los feeds que no pretendo leer por ahora y ver cuánto falta para que una actualización termine de descargar, difuminando de esta manera el motivo por el que estoy aquí.
Chatarra informativa

Leer las ideas de Aaron Swartz durante el último año se ha convertido en un placer. Ahora que reviso su última entrada, resulta espectacular la analogía que realizó sobre el fenómeno de la información y cómo nos enfrentamos a ella en Internet al compararla con la comida chatarra, ya que actualmente muchos preferimos inconscientemente consumir información blanda o irrelevante, antes de la información que realmente es un aporte a la construcción de plataformas de conocimiento, justificando la situación con nimiedades como el escaso tiempo o la incomodidad de leer mucho texto en una pantalla, siendo que los problemas van un poco más allá y que son capaces de generar una denominada idiocracy en el futuro.
¿Los motivos? Son muchos como para enumerarlos, pero reconocer las principales causas vale la pena. Según Swartz, uno de los principales problemas es que funcionamos como una masa no crítica. Es decir, cualquier elemento que logre el mínimo requísito de convertirse en algo popular, es tomado como el punto de partida para que sea legitimizado por nosotros para que se institucionalice de forma automática como algo normal. ¿Ejemplos? El caso Twitter es clarisímo. Una herramienta que no aporta algo sustancial pero que nos tiene a muchos con una cuenta girando en torno a su instantaneidad y al poco trabajo que requiere, el gran plus de su servicio.
GTA San Andreas: Bienvenido a la jungla

Nunca he tenido una relación muy cercana con los videojuegos. Es más, si mi memoria no me falla con los números, creo que no juego regularmente uno desde 1993, cuando abusaba del famoso Mario Kart. Uno de los pocos juegos que hasta el día de hoy me gusta y que me obliga a detenerme cuando lo veo proyectado en alguna pantalla por la cantidad de recuerdos que me trae, especialmente esos en donde compartía con mis amigos de infancia.
Más de diez años más tarde, y tras algunos esporádicos partidos de PES en casa de uno que otro amigo, yo seguía ninguneando la cantidad mórbida de juegos de última generación que me ofrecía mi pixelado y viciado hermano para probar en diversas plataformas (PC, PS2 y XBOX 360). Con temor rechazaba sus propuestas, porque para mi esto con mucha suerte ha llegado a ser algo para matar unos minutos de ocio. Para mi hermano en cambio, esto de los videojuegos es lo más cercano a un estilo de vida, asi que el miedo de verme reflejado me saturaba las venas. Paradójicamente, durante los días del verano que ya nos dejó, caí finalmente rendido como una bola de concreto frente al impresionante – y polémico – GTA San Andreas en su versión para PC.





