Andrew Keen: The cult of the Amateur

Tras leer el artículo de Michiko Kakutani en el NYT sobre el nuevo libro de Andrew Keen, titulado como The cult of the Amateur: How Today’s Internet Is Killing Our Culture, uno sólo queda con dudas cuando – de vuelta a la rutina – te sientas frente al computador y sigues haciendo lo que habías dejado pendiente. Y es que claro, tras haber trabajado personalmente el concepto de profesionalización en el pasado, y tomando en cuenta lo servido por Keen en su libro sobre las desventajas de éste abrupto y preocupante crecimiento digital a través de Internet, no me queda otra que relacionarlo directamente con el cambio de los procesos productivos y cómo nos relacionamos en el marco de una nueva revolución industrial digital.
Pero no nos apresuremos, partamos comentando a qué se debe este comentario. Para comenzar, todo lo surgido con la famosa Web 2.0 nos prometía una participación que nunca habíamos experimentado en los medios tradicionales gracias a una nueva generación de servicios que finalmente pensó en las audiencias. La prensa como nunca, llegó atrasada al cambio debido al susto que significaba otorgarle tribuna gratuita a un segmento que fue siempre ninguneado. De un día a otro, el usuario que estaba sentado en su computador logró el control de lo que consumía democráticamente gracias a este curioso desarrollo tecnológico. Leer las noticias que él quería a la hora que quería, eliminar la dictadura de la TV gracias a Youtube y tener todo tipo de recursos al alcance de la mano a través de sitios hechos por ciudadanos para ciudadanos, anunciaban que algo iba a cambiar de manera brusca. Nos volvimos monos.
Con esto ya no era el usuario el que consumía información de modo paciente, sino que también la generaba, especialmente con el surgimiento de los blogs. Una preciosa herramienta que desde su origen le permitió al simple ciudadano poder convertirse en el director de un medio de comunicación capaz de destapar hasta los más brutales escándalos políticos de forma independiente (Mónica, te presento a Matt). Los límites por fín se habían eliminado cuando el ciudadano, hambriento por conocer todo el nuevo mundo que había descubierto, reemplazó al otrora experto con una ingenua y válida arrogancia, quien estaba acostumbrado a estar acreditado por los mismos medios garantes de la información que la sociedad solía aprobar y legitimizar al confiar en sus contenidos.
Con esto, las cosas ya no eran como antes. El usuario se dio cuenta que efectivamente era capaz de generar cualquier cosa con el mismo poder de un medio grande sin invertir ni uno. Tener la posibilidad de que cualquier persona del mundo te leyera a un costo realmente bajo parecía la panacea, sobre todo si eras anónimo y botabas a la basura la responsabilidad social foucaultiana. Curiosamente, el debate comenzó a agarrar vuelo cuando especialistas de diversas áreas se dieron cuenta que efectivamente muchos artículos de la Wikipedia, que han sido hechos por anónimos, carecían de sustentabilidad debido a la carencia de filtros que protegieran los contenidos de Internet y a la misma propiedad intelectual, ya que incluso muchas afirmaciones habían sido copiadas desde otras fuentes (lo que es una práctica canibalizadora dentro de todo esto). Si bien, había gente que comenzaba a tomar a la mencionada enciclopedia como un referente obligado y muy creíble, las cosas cambiaron cuando algunos se percataron que efectivamente esta situación de no saber quien escribió eso ni de donde viene, pone en riesgo nuestra cultura e identidad al no tener ningún grado a escepticismo frente a lo que leemos, oyemos o vemos.
Todo este cambio generaría a grandes rasgos lo que Keen identifica como La Cultura de lo Amateur. La que se vería seriamente fomentada con el actual y desmesurado desarrollo tecnológico que nos deja libre un acceso a intervenirlo todo. Algo que si bien se pinta como la octava maravilla del mundo, puede llegar a ser peligroso en terminos informativos al dejar una línea muy delgada entre el hecho, y la simple especulación.
Ahora bien, ¿Por qué amateur? Al tener el poder de invervenirlo todo, la tentación es elevada, por lo que nos aventuramos a probar de todo como adolescentes cibernéticos. Con esto debemos sincerarnos al reconocer que a veces los resultados no son los mejores. La frase de pastelero a tus pasteles logra ser muy acertada, y sobre eso, hay ejemplos de sobra. Programas de TV en Youtube grabados con webcams que se convierten en cadenas virales, EP’s y remixes con una calidad de demo de garaje publicados en Myspace que logran contratos discográficos, fotografías manipuladas con Photoshop en Flickr que le quitan el trabajo a los verdaderos fotógrafos y golpes noticiosos en Blogspot o Fotolog que no son más que una opinión de cuneta tergiversada, sólo logran que la misma popularidad supere la verificalidad. Acostumbrados a votar en familia con los programas de talento de los años noventa y con los reality shows del nuevo milenio, hemos perdido la capacidad de verificar la información al ver una barra con estrellas para votar si efectivamente el producto estimuló nuestras emociones de manera instantánea.
Entonces, ¿Qué pasa con esto? Para mi, es evidente que en realidad el esquema productivo tradicional se ha roto. El exceso de información, producto de esta positiva democratización informativa, pone también sobre la mesa la necesidad de replantear los procesos productivos acorde al tiempo a la hora de generar nuevas formas de agrupación y cómo las administramos. Especialmente si consideramos que la información como tal, ha cambiado su valor especulativo al involucrar al ciudadano en su producción. Esto es muy importante para pensar cómo nos relacionamos con toda la información que recibimos y generamos, sobre todo al perder la identidad tras el anonimato que nos ofrece la bondad tecnológica. Qué es verdad y qué no.
Si bien, Keen es débil al no conceptualizar bien las nociones de amateur y profesional con las que trabaja, quizás porque el concepto se manifiesta un tanto difuso al ser utilizado en tantos sectores sin conocer su posible connotación, creo que sus planteamientos pueden ser debatibles abiertamente por esa falta de precisión. Sin embargo, imaginando que esa era su intención, el autor nos entrega un trabajo interesante que hace pensar a golpes sobre la verdadera calidad de lo que consumimos en Internet al ser contenido hecho por nosotros, lo mismos usuarios, quienes viendo la fascinante posibilidad de hacer todo con lo mínimo, nos envolvemos en la aventura de probar a través de la prueba y la falla todo lo que se nos ocurra, perjudicando seriamente nuestro propio entorno con el – a veces – bajo nivel objetivo y con el exceso de información al pasar todo el día hablando pero sin escuchar, como si se tratase de un bucle infinito. Todos los excesos hacen mal, y eso mismo es lo que desencadenaría que todos terminemos como simples amateurs. ¿Una pérdida del fundamento? Puede ser. Personas que hacen de todo, pero todo a medias. Provocando que en el futuro, la misma sociedad desee que los mismos medios garantes de la información que la sociedad reemplazó, vuelvan a ser legitimizados al ser aprobados por su trabajo especializado, para volver a tener algo en que confiar.
Tras esto, creo personalmente que las audiencias (incluyendo a los medios también) deben desarrollar en conjunto una nueva sensibilidad para que las mentiras de hoy, no se conviertan en los hechos de mañana a través de la misma racionalización de nuestra interacción con la información. Esto es sólo para lograr una aparente estabilidad, o de lo contrario la gallina dejará sus huevos solos sabiendo que la comadreja anda cerca.






Como internauta que soy, comparto absolutamente tu opinión. A diario “consumo demasiada Internét”, es mi vicio, ingerir información, tanta que a veces en vez de esperar a digerirla prefiero vomitarla o desecharla de alguna manera.
El problema principal, MHO, creo que va cuando te dedicas a los medios y publicas todas las barbaridades de las que “te informas”. Ej.: Si eres un periódico no puedes tener al Antro.cl como fuente fiable de nada (ya sabemos a donde van las balas). Inaceptable publicar una noticia y al día siguiente retractarse de lo dicho, eso es lo menos serio que hay.
Critico al mal periodismo de hoy, y mientras exista lo seguiré criticando. A los lectores no sacamos nada criticandolos, creeran y tragaran lo que ello decidan creer y tragar.
Un abrazo y gracias por recrodarnos mantener los ojos abiertos.
Santa
El Santa
Julio 11, 2007 a 1:29 pm
Completamente de acuerdo. Y es más, tienes todo el derecho (y obligación también) de criticar al periodismo.
Los periodistas no le hacen una “paleteada” a la sociedad con su trabajo, sino que es un servicio social que como tal, debe ser hecho con seriedad absoluta.
Saludos.
Horacio
Julio 11, 2007 a 3:05 pm
Creo que el punto está en que en la actualidad si no estás en la web no eres nada, si no estás en Youtube menos. Veamos los mismos programas de TV de algunos canales de cable (Canal Copano de Vía X, por ejemplo) el 99% de su material es de el famoso servicio de intercambio de videos.
Creo que eso es lo relevante, para un joven de 16 0 17 años, si no está en video, si no es desechable no vale. ¿Qué más fácil para un alumno de 3ero medio o de 1 año de universidad que hacer copy and past de un artículo de Wikipedia? ¡Si hasta los senadores lo hacen!
Además, si los periodistas nuevos no son capaces de verificar fuentes ni de reportear, salir a terreno, etc, porque para eso está el reporteo por mail, es válido decir que hasta nuestra profesión es amateur.
Augusto
Julio 11, 2007 a 8:51 pm