¡Tú medio está muriendo!

El interminable culebrón que tiene envuelto a los periódicos del mundo en una aventura épica de supervivencia al parecer tiene para rato. Si bien ya existe una suerte de acuerdo por parte del mundo editorial a la hora de entender que el mundo impreso y el digital se mueven por distintas avenidas y se pasean a través de diferentes audiencias, es el mismo rol del periodista el que al parecer debe reformularse para comprender el proceso desde adentro para enfrentar un futuro incierto.
Eric Alterman, del Newyorker, comenta en su artículo sobre la vida y muerte del periódico norteamericano, que pocos creen que el formato actual sobreviva debido al brusco cambio del mercado, especialmente a la hora de comprender la fúnebre actividad de los anunciantes y de los mismos consumidores de información, quienes se han ido alejando de las estructuras clásicas para darle cabida a nuevos formatos de consumo, los que por cierto logran parecer ciertamente más atractivos bajo el contexto del reducido tiempo que hay para informarse y de la olvidada concepción de la objetividad informativa, la que ha ido en decaída gracias a una blogósfera liberal y a su capacidad de pasar por alto los grandes medios de comunicación.
Es esta misma independencia de la que tanto se habla, lo que sin lugar a dudas está atrayendo cada vez a más gente. Es sólo cosa de ver la parodia de Los Simpson, en donde Nelson, frente a Dan Rather, deja en claro que el tipo de medios tradicionales tienen los días contados cuando se refieren con cierto desagrado a Ron Lehar, un periodista del Washington Post en su versión offline que observa como su medio está comenzando a ser ninguneado.
Son estos mismos medios los que, mientras buscan otras alternativas en el sector educacional e intentan dejar de ver a la Internet como a un enemigo indomable, observan con los dientes apretados y con un dejo de temor cómo el negocio digital simplemente no les resulta con la solvencia necesaria como para mantener el negocio análogo tal como era antes, ya que hasta las mismas horas de lectura por parte de la audiencia obligan a observar desde afuera a éste producto, tal como si se tratase de un objeto de museo que debiera ser visto debajo de una vitrina por su aparente sentido paternalista, añejo y evangelizador. Gusto frecuente de personas que actualmente bordean los 55 años y que guardan muy poca relación con las generaciones más jóvenes, quienes no leen tan habitualmente la prensa impresa y se han dejado educar por la libertad de expresión que ofrece por ahora la Internet.
En fin. Más allá de pensar las nuevas formas de narrativa informativa que hay que generar a tiempo y de las diferencias que se van a ir dando entre un medio conservador-impreso y uno liberal-digital de acuerdo a sus nichos personalizados, creo que es interesante evitar el desmedro de la calidad editorial por la feroz competencia que se vendrá en la denominada adaptación, ya que si seguimos las declaraciones servidas por Murdoch en su pasado discurso en la Universidad de Georgetown, creo que, al igual como menciona Steve Boriss, el futuro de las noticias se encaminará como si fuese algo cíclico, en algo cada vez más cargado de elementos sensacionalistas, en donde el sexo, la violencia y el cotilleo al gratín convertirán a los medios impresos de circulación masiva en algo que no será tan grato, ni para escribir ni para leer. A ver qué pasa.






Es como lo que pasa con la Enciclopedia Británica, quienes al final decidieron poner sus contenidos en Internet. El problema (muy a mi parecer) es que ven a Internet como un enemigo más que como un aliado.
Es una cuestión de enfoques y estrategias, los diarios en papel siempre van a poder entregar un valor agregado que no se consigue por Internet.
Un abrazo.
El Santa
Abril 6, 2008 a 5:32 pm