Horacio Garay

Trabajos que matan

dejar un comentario »

El caballero que aparece en la imagen y antecede estas palabras se llamaba Russell Shaw. Era periodista y ofrecía sus servicios informativos desde la ciudad de Portland, Estados Unidos. Solía cubrir con absoluta dedicación diversos eventos relacionados al mundo de la tecnología, especialmente si los famosos Blackberry eran los invitados principales, ya que aparte de tener presencia en algunos libros, revistas y otros medios impresos, el señor Shaw también colaboraba con sitios electrónicos como Zdnet y BBHub a la hora de escribir sobre estos sugerentes dispositivos electrónicos.

Sin embargo, al parecer fue esa misma dedicación la que acabó finalmente con su vida, ya que falleció el pasado 12 de marzo a la edad de 60 años mientras un fulminante infarto lo sorprendió en la habitación de un hotel, justo cuando esperaba una conferencia. Si bien las causas oficiales de la muerte de Russell no se han aclarado, según Matt Richtel este tipo de casos no deberían ser tomado a la ligera por los que trabajan en los medios informativos, ya que como anuncia en un reportaje publicado hoy por el NYT, la misma competencia que provoca la modalidad online de los medios de comunicación y las bondades de los dispositivos inalámbricos que te permiten estar siempre en marcha, pueden generar serios cuadros de stress y enfermedades derivadas en los editores, quienes muchas veces se ven obligados a cumplir jornadas 24/7 con el objetivo de lograr la noticia antes que la competencia, sobre todo si son remunerados por entradas servidas o por logros cometidos, lo que al parecer los obsesiona en algunos casos.

Ejemplos al parecer sobran. Desde los casos registrados de aumento o pérdida de peso, desórdenes del sueño y agotamiento muscular entre algunos editores, hace no mucho tiempo Marc Orchant, otro blogger de 50 años, falleció durante diciembre pasado debido también a complicaciones cardíacas. Por otra parte, Om Malik, fundador de GigaOm, tuvo mejor suerte, ya que a sus 41 años, logró sobrevivir a un infarto el año pasado.

Si bien son casos que se podrían considerar como aislados, el pensar en los riesgos que podría provocar un estilo de trabajo de ciclo continuado en un mercado tan agresivo, es una discusión que se mantiene pendiente. Porque Internet, lamentablemente, no duerme, mientras que nosotros si lo hacemos. Es muy bonito que uno pueda conectarse en el muelle del lago para ver los correos de la oficina, pero si se piensa que este abuso de conectividad puede matar, ¿En qué momento se puede vivir? Como me dijo mi abuela hace años en la playa luego de pillarme con toda la boca naranja por un banquete de helados: todo en exceso hace mal, mijito.

Escrito por Horacio

Abril 7, 2008 a 2:29 am

Escribe un comentario