Horacio Garay

Mi relación con la música (en vivo)

con un comentario

Han pasado algunos años, así como también algunos discos y unas cuantas canciones. Mientras revisaba el montón de entradas cortadas y arrugadas que guardaba en una caja como recuerdo junto a unas fotos y a un par de célebres uñetas, me di cuenta que ésta es una nota que me debía hace muchísimo tiempo y que finalmente se gatilló con la última visita de Ozzy Osbourne a nuestro país.

Como la de cualquier persona aparentemente normal, mi relación con la música no guarda ninguna novedad aparente ni excentricidad curiosa. Si bien suelo tener una sugerente preferencia por la rama del rock y sus derivados, creo que lo publicado aquí deja en claro que más allá de cualquier placer distorsionado al que someta a mi paladar, mi gusto musical no suele mantenerse evangelizado seriamente por alguna tendencia, ya que puedo pasar de la villera a la polka sin problemas. Algo que sin lugar a dudas me ha traído más de un par de dudas existenciales a la hora de responder la pregunta: “¿Qué música escuchai?”

Si bien es probable que mi pasado de instrumentista tenga algo que ver con la apreciación que tengo de la música que me rodea, es precisamente mi relación con la música en vivo la que ha cambiado durante los últimos años. De ser un precoz adolescente vestido de negro que no se perdía evento alguno para satisfacer – deportivamente – el incipiente apetito musical, pasé a ser un adulto joven al que se le han ido quitando progresivamente las ganas de ir a nuevos recitales, por muy masivos e históricos que sean.

Razones creo que hay muchas. Si bien podría enumerar una lista con múltiples factores que intimidarían hasta al más acérrimo de los fanáticos, como la cancha VIP, el aumento de los precios, la economía de escala, la infraestructura santiaguina, las casas comerciales, el famoso recargo por sistema y el asqueroso sistema de crédito que le permite muchas cosas a las productoras locales, creo que una de las principales razones por las que personalmente me he ido alejando paulatinamente de los estadios es es que he tenido la enorme fortuna de haber visto a todas mis bandas favoritas en vivo, salvo a AC/DC y Pain of Salvation. Bandas que aunque vengan el 2050, igual me tendrán haciendo cola para conseguir, nuevamente, un lugar privilegiado en la cancha.

Ahora bien, claramente es algo de lo cual puedo presumir, porque sé que no todos en el mundo pueden decir con soltura que han visto en vivo a todas sus bandas favoritas, sobre todo aquellos que son devotos de la estrella pop del momento en Kazajistán. Sin embargo, lo curioso para mi es que precisamente la gran mayoría de bandas que vi en vivo fue durante mi adolescencia, cuando paradójicamente no tenía ni un grado de solvencia económica, aunque un buen ahorro. Vueltas de la vida, quizás. Por ahora sólo me queda disfrutar de todos los momentos gloriosos que quedaron atrás, mientras me dejo seducir por algún nuevo talento que me invite a deleitarme nuevamente al reducto de turno. Sugerencias se atienden, como siempre.

Escrito por Horacio

Abril 19, 2008 a 4:53 am

Escrito en Música, Personal

Una respuesta

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  1. Una de las cosas divertidas de esta promiscuidad musical es como de repente se espantan o se sorprenden al verte vestido “normal” y descubrir que estás escuchando death metal (o similares menos monstruosos), cuando quienes te hacían un metalero “no-digno de reality” ven que disfrutas de la música clásica.

    Lo otro es los típicos formularios de sitios de comunidades donde el tipo de música se vuelve practicamente un requisito de exclusión para ciertas búsquedas. las unidades de carbono dan para mucho.

    Que tengas un excelente fin de semana,
    Santa

    El Santa

    Abril 19, 2008 a 1:26 pm


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