¡Crisis, crisis, crisis!

Crisis, crisis, crisis. Esa es la única palabra que pesa actualmente en miles de redacciones alrededor del mundo. Las discusiones de un lado a otro para saber qué diablos vamos a hacer durante los próximos años con el denominado modelo de negocios y la distribución de contenidos, se apoderan sin misericordia alguna de todas las conversaciones posibles.

Algunos entendidos en la materia, como Mark Glaser y Stephen Gray, han abierto una interesante discusión al respecto que busca, entre otras cosas, pensar el planteamiento comercial de los nuevos medios, lo que al parecer es claramente fundamental antes de comenzar a hablar de organizaciones, diseños y otras hierbas sin sentido. Vender espacios publicitarios como se hacía antes, parece no funcionar como uno realmente esperaría, y al final de cuentas, toda esta batahola entre editores e inversionistas sólo busca reformular todas esas teorías que viven casi obsoletas. Ideas hay muchas (se sigue hablando de nichos asociados), pero encontrar justamente la que se ajuste al modelo más estable de todos a través del tiempo, parece ser una tarea mesiánica mientras las cifras bajan y bajan.

Sin embargo, Jeff Jarvis, como ya lo mencioné en una oportunidad, insiste en su propio modelo a la hora de delinear desde su propia trinchera una posible fórmula periodística del futuro, en donde las comunidades serían la base de la organización, las noticias partirían de redes mixtas para ser ajustadas por editores asociados y los medios se centrararían en sus propias fortalezas para dejarle el resto del trabajo a los medios verdaderamente especializados, uno de los puntos más cuestionables de su planteamiento, desde mi punto de vista, si consideramos que la marca genera prestigio. De la misma manera, Jarvis cree que la especialización del periodista será realmente valorada, que se vendrán nuevos géneros periodísticos mientras las notas cada día se complementen con otros detalles sabrosos a través de las nuevas herramientas y que la publicidad también le dará cabida a los pequeños anunciantes locales que durante años se han visto intimidados por los más grandes de la casa, entre otras cosas. Si bien sus teorías pueden parecer polémicas para la industria norteamericana, en lo que si estamos de acuerdo, en que al final del día, será la masa la que nos dirá con su sabiduría colectiva qué diablos hacer con las toneladas de información, por lo que la lección de humildad se viene en camino hace rato.

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