La Tercera, los desafíos de ser valiente

Si bien creo que todo cambio siempre entrega buenas cosas a la hora de sacar algo en limpio, hay una serie de detalles que han despertado mi atención sobre la renovada apuesta de La Tercera en su versión digital que me invitan a dejar un comentario sobre una parte de un riguroso proceso en marcha que, por casualidades de la vida, he podido seguir de cerca.
Algunos han comentado que efectivamente hay cambios, pero que no son tan revolucionarios como se anunciaban en un principio, mientras que otros, aparentemente más despistados, aún no han notado mayores avances en el denominado media center que se ha armado Copesa con las toneladas de contenido que maneja a diario a través de todos sus medios.
La movida es interesante, de todas maneras. Más allá del nuevo diseño, en donde se agradece el uso apropiado de algunas técnicas de desarrollo y en donde se condena la desmedida implementación de animaciones que a la larga sólo saturan la presentación de la información en un sitio que se hace pasar por dinámico, creo que es necesario destacar el valioso fomento a la participación que han tenido en cuenta a la hora de trabajar en este desafiante proyecto que significa para un medio tradicional, ya sea a través de las múltiples redes sociales disponibles o a través de los comentarios que pueden dejar los lectores. Es justamente ahí, que para mí la decisión tomada en las oficinas de Vicuña Mackenna fue claramente valiente, aunque peligrosa.
Ser valiente no es tan fácil.
La proliferación de los blogs le hizo creer a muchos que en la denominada retroalimentación estaba la gloria, por lo que algunos decidieron incluir comentarios, vídeos incrustados y contenido multimedia, buscando quizás repetir la audaz fórmula de las bitácoras más populares. ¿Y qué pasó? Bueno, de pronto algunos se dieron cuenta que el valor añadido que tanto buscaban nunca apareció, ni siquiera con los buscadores, ya que los comentarios en muchas ocasiones no aportaban nada realmente sustancial a la discusión, como si lo logran las cartas al editor, por dar un ejemplo. Un fenómeno que si bien puede agotar a los lectores en cierto aspecto, al parecer desfavorece también la credibilidad de la redacción y la línea editorial del medio. Algo que claramente sucede cuando no conoces ni entiendes a tus propios usuarios, cuando no asumes dimensiones relevantes ni tampoco te cuestionas si con las medidas buscas favorecer a tu propio medio o a los lectores. Dos cosas distintas que si bien funcionan en algunos casos, requieren de un grado de valentía sobre el capital informativo que a estas alturas resulta prácticamente inconmensurable.
¿Por qué valentía? Porque como ya lo he mencionado en otras oportunidades, es precisamente el área de los comentarios la más sensible a los cambios cuando la palabra participación juega un rol medular en todo proyecto. Es decir, si la tendencia apunta a la creación de comunidades que realmente participen y generen el ansiado valor agregado dentro de la información, ¿Por qué no se da el caso con La Tercera? Factores a considerar probablemente hay muchos. Sin embargo, y a pesar de lo arriesgado que es esa movida para cualquier medio masivo, hasta la fecha sólo he visto una batería de comentarios que más allá de funcionar como barómetros pasionales de la opinión pública, no logran generar el valor recién mencionado en las noticias, pese a que apenas llevan sólo algunos días funcionando bajo esta nueva modalidad.
La clave, como siempre, es y será la constante generación de contenido. Si es de calidad, mucho mejor. No obstante, un diario como La Tercera se puede ver claramente perjudicado si su política frente a los comentarios no es del todo clara. Si bien llegar y censurar la opinión de la gente sería un suicidio mediático por la condición social de todo medio con ese tipo de aspiraciones, la moderación sistemática de comentarios ofensivos a través de una estudiada fórmula no sólo generaría el valor agregado que miles de diarios andan buscando desde que se subieron al carrito de la Internet, sino que también se ganaría un punto favorable en el terreno de la seriedad y credibilidad. Porque hay que ser claros cuando se habla de un trabajo de semejante envergadura, una cosa es la libertad de expresión y otra, muy diferente, es el libertinaje bajo el anonimato. Como también algo muy diferente es la relación que hay entre censurar y moderar en un medio de circulación nacional.





